Hay heridas que no conocen cicatrices, como la que deja la muerte de un hijo; ese desgarro del orden natural del universo que nos deja el corazón anclado en el ayer.
Dicen que el tiempo lo cura todo, pero hay verdades que el corazón se niega a reconocer.
Yo,hoy, os confieso con total sinceridad que todavía no puedo aceptar su pérdida.
Sigo esperando que llegue de trabajar y venga directo a mi para explicarme su día.
Sigo esperando que si bonita luz, transforme un día gris en uno de soleado.
Pero sobretodo.
Sigo esperando fundirme en un abrazo y sentir esa conexión.
Es una batalla constante entre la realidad y el latir de un corazón roto.
Sin embargo al caer la tarde y traer la noche dejando un cielo de colores naranjas y violetas donde sin dudarlo busco tu silueta en el horizonte. Aveces duele tanto que no soy capaz.
Pero allí donde el cielo toca la tierra, es donde te busco y te anelo.
Aceptar es un verbo que todavía no se conjugar, por ahora solo se amarte, porque mientras mi corazón lata y mi mente este vibrante habrá un lugar donde tú y yo sigamos unidos.
Hasta que la última estrella se apague.