Y otra vez día 21.
Ya son cuatro meses.
Cuatro meses en los que el día 21 se vuelve amargo, y en los que el corazón parece encogerse un poco más, como si cada minuto pesara el doble.
Diciembre, el mes en el que tocaba decorar la casa, ir de compras e intercambiar regalos. Esos que nos preparabas y te preparábamos con tanta ilusión.
El mes de cocinar toda la tarde juntos para nuestros amigos y de acabar las noches por la mañana siguiente.
Espero que desde ahí arriba tengas una Navidad muy dulce, y en paz.
Sigue cuidándonos y protegiéndonos cada día.
Mi mayor deseo estas fiestas es que
sientas orgullo... orgullo de todo lo que estamos haciendo aquí abajo.
Ni te imaginas el vacío que siento.
Camino con tu ausencia, y saber que
no estás aquí, que solo puedo buscarte entre las nubes y los rayos del sol, me parte el alma.
Te echo de menos Juan.
Te echo muchísimo de menos.
No habrá día en el que no te recuerde, ni amanecer que no te nombre.
Su ausencia duele hasta arrancar el aire de los pulmones. Pero nuestro Juan, siempre será nuestra luz.
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